¿UN PAÍS DE MAMERTOS Y FACHOS?

Opinión Por

El pasado 9 de abril se conmemoró el día nacional de las víctimas. En el marco de ese día el Congreso de la República se reunió de manera especial para escuchar en plenaria a las víctimas. En un país como el nuestro en el que en una sola semana se puede votar un plebiscito, reunir después de años a dos líderes que no se hablan y que uno de ellos se gane un nobel de paz, con lo que vivimos de polémica en polémica, el grito de María Fernanda Cabal junto con otros miembros del Centro Democrático y la confrontación en los pasillos del congreso si nos tiene que hacer reflexionar.
“Hay que cobrar el cheque, que Cepeda ya los vio” gritaba Juan Manuel Daza, la presentante Cabal lo sigue diciéndoles “Estudien vagos”, y remató Alfredo Ramos diciéndoles “aprendan historia ¡Lean!”. ( https://goo.gl/ThxdyU )Más allá del reproche que creo que si les cabe a estos personajes, porque a los líderes hay que exigirles más, porque ellos sí han debido prepararse para ser líderes, de hecho Daza fue mi compañero de pregrado en la universidad del Rosario, lo que pasó denota el problema de las estigmatizaciones, más aún como nuestra dirigencia política en lugar de generar conciencia para superarlas las usan para generar ruido y que los medios les den visibilidad.
Si cualquier persona quiere hacer parte de la movilización ciudadana, o prestar acompañamiento a las víctimas, que no son pocas, porque si hablamos de más de ocho millones de víctimas estamos refiriéndonos a un población como la de la ciudad de Bogotá, esa persona no tendría porque que recibir los cuestionamiento de ser un aliado de la guerrilla, no tiene por qué ser un vago que no lee, y ni siquiera tiene que tolerar el calificativo de “mamerto” o “izquierdista”. Que ocho millones de colombianos hubieran sido desplazados, amenazados, asesinados, agredidos sexualmente, o sometidos a cualquier ultraje semejante y que ahora tengamos la posibilidad de repararlos, ayudarlos a superar esa condición de vulnerabilidad, que puedan generar procesos de memoria colectiva, dignificarse, estudiar, trabajar, o lo que quieran hacer, para que de manera conjunta podamos todas y todos trabajar por el país, tiene que ser prioridad para todos los partidos políticos.
Seamos honestos, muchos más estarían dispuestos a participar en procesos de defensa de los derechos humanos de comunidades vulnerables si no se enfrentaran al miedo a ser tachados de izquierdistas. Da miedo que por hacer algo que le gusta uno, y defender una causa en la que uno cree unos no tan pocos, comiencen a creer que uno puede incluso hacer parte de una célula urbana de la guerrilla.
En el otro extremo, hemos sido bastante ligeros con los calificativos hacia quienes defienden temas como la seguridad, como si todos no tuviéramos derecho a salir de nuestros hogares y sentirnos seguros. El querer bajar las tasas de inseguridad no puede ser una prioridad solo de “fachos”. Peor aún, hemos minimizado las críticas al proceso de paz con las FARC, que pudiendo ser una legítima respuesta del debate democrático, para algunos que defendieron el proceso quienes no están dispuestos a perdonar son los “señores de la guerra”.
Acá también hay miedo, cuando un defensor conversador de la imagen clásica de la familia da sus argumentos, siempre trata de dejar en claro que no defiende ideas de derecha, si no “a la familia”, y tiene razón, el tema de defender a la familia no es de derechas ni, ni de izquierdas, aunque claro, la familia que ellos defienden es discriminatoria, excluyente y no coindice con la realidad de nuestro país del Sagrado Corazón de Jesús lleno de madres solteras.
Colombia se convirtió en un país en el que somos muy buenos para discutir, y muy malos para debatir, y la génesis de este fenómeno si parte de los perjuicios con que vemos al otro.
El caso de Mocoa, por ejemplo, deja a la luz como el tema del medio ambiente debería ser una política de estado, en lugar de ser prioridad de unos pocos. Pero si nosotros mismos partimos de creer que para defender en el ambiente se hay que vivir, vestir y hablar de cierta manera, no somos otra cosa que una sociedad clasista, excluyente y brutal.
Lo que deberíamos hacer como sociedad es superar esos estigmas, entender que la educación, el medio ambiente, los derechos de las minorías, la seguridad, la justicia, la infraestructura, entre otros temas, tienen que ser prioridad de todos más allá de partidos políticos. Lo que debería diferenciarnos sería la forma de alcanzar las metas, porque es válido que no todos estemos de acuerdo con una línea elevada o subterránea del metro, pero si debería ser compromiso todos descongestionar el transporte en la ciudad, en el marco del ejemplo que usé.
Ñapa… 1. Los venezolanos siguen exigiendo un cambió, siguen saliendo a las calles y siguen teniendo todo nuestros apoyo desde la distancia.
2. El caso de Mocoa además de enseñarnos a trabajar juntos, también debe servir como referente en la prevención.
3. Nieto, hijo, primo, sobrino, amigo y compañero de mujeres de las que aprendo cada día, por eso digo #NiUnaMás, no podemos dejar que le pase a otra mujer lo que sufrieron Claudia Johanna Rodríguez y Paola Noreña ésta semana.

Abogado de la Universidad del Rosario con estudios en Teorías Contemporáneas de la Justicia de la Universidad de Harvard. Ha trabajado asesorando a la empresa privada y también en campañas políticas. Estuvo vinculado a la Dirección Nacional Liberal del Partido Liberal Colombiano.

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