COLOMBIA PARADÓJICA

Voces Ciudadanas Por

Colombia bien puede ser uno de los grandes países productores de muchas exportaciones, dada la gran variedad de recursos naturales que podríamos explotar con eficiencia; pero no lo somos, por la descomposición social que padecemos debido a la falta de compromiso serio del Estado al impulsar el desarrollo del país.

A la abismal deuda externa que ya representa más de la mitad del Producto Interno Bruto, se le suma la ausencia de reformas en pos de transparencia en el sistema productivo, además de la miopía de un Estado muy ineficiente al implementar planes de desarrollo a largos plazos, coherentes, que hagan a Colombia competitiva y exitosa.  

Ya es hora de cambiar el modelo de desarrollo económico: dejar de ser tan importadores, enfatizar más en lo agropecuario mientras industrializamos al país, erigirnos sobre estrategias propias y no andar planificándonos acorde a los dictados gringos y europeos según sus intereses consumistas.

Se viene prefiriendo estimular la inversión extranjera en vez del emprendimiento colombiano, propiciar capitales para multiplicar autopistas y carreteras para sacar más recursos naturales hacía el exterior y no en el fomento de investigaciones científicas que fortalezcan a nuestros talentos, se prioriza a todo lo que venga de afuera siéndose indolentes con los millones de colombianos desempleados ávidos por aportarles al país.

Puede que la corrupción también este enquistada, agazapada, entre los entes estatales que se las ponen fácil a los grandes importadores mientras limitan tanto a nuestros pequeños y medianos comerciantes, o que se hacen la vista gorda ante los cada vez más chinos que llegan –con exorbitantes miles de millones de pesos- inundando ciudades, acabándole el mercado a los productores-comerciantes colombianos; Odebrecht puede que sea sólo una de las garras que nos desangran, carcomen y pudren, haciendo metástasis.

Oportunidades sobran en Colombia; pero seguimos sin tener gobernantes con vergüenza a quienes les duela el país y se interesen por el mayor capital que tenemos, el humano, nuestro desarrollo depende de las posibilidades que se le dé a la gente. Hay que invertir en el capital humano para lograr mayor productividad, competitividad, y mejor calidad de vida.

Vivimos en la macondiana, surrealista y mágica Colombia paradójica: un país muy rico, con mucho trabajo por hacer, pero con muchísimo desempleo.

El desempleo en el país ya supera el 9,2%: la mitad de los desempleados son jóvenes y de estos seis de cada diez son mujeres, siendo ellas la mayoría de la población colombiana. Actualmente hay casi un millón de jóvenes (profesionales, técnicos y tecnólogos) que no han encontrado una oportunidad laboral.

La ley del 1er empleo ataca el problema de la falta de experiencias para acceder a trabajos, teniéndose en cuenta lo aprendido en las prácticas laborales, los servicios sociales y voluntariados, pero sólo cobija a los que tienen hasta 28 años, siendo muy insuficiente porque los jóvenes colombianos tienen deficiente formación o están sobreperfilados y muchas empresas no poseen estándares salariales para personas con posgrados, maestrías y hasta doctorados, de ahí que tantos se nos vayan buscando las oportunidades que sí ofrecen en otros países;      no nos roban talentos, los estamos perdiendo.   

Y qué decir de los mayores de treinta años, el 27% de los colombianos, quienes sufren más trabas para emplearse, porque del tercer piso para arriba ya son considerados viejos; empero, el país se está envejeciendo y la oferta laboral es menor para las personas de mayor edad, situación que va dejando sin mano de obra al país, el 40 por ciento de las personas en edad de trabajar están inactivas.

Hoy somos ya casi 50 millones de colombianos, y mientras más seamos habrán más trabajadores; hacen falta políticas públicas que generen más empleos y eviten que la mano de obra se nos acabe, en un país con tanto por hacer.

Colombia tiene un índice de desempleo de los más altos del mundo (20,5%, según el Dane) agravándose nuestro país por la gran incertidumbre socioeconómica y política que vivimos.

Qué oportunidades se les darán a esos miles de exguerrilleros de las FARC y del ELN que se reincorporaran. Así como están las cosas, muy pocas; ¿y entonces?

Bien el poder lograrse la muy necesaria Reforma Política, para abrir más y mejores espacios de participación y representatividad democrática. Sin embargo, por qué en vez de abogar por el voto joven (desde los 16 años) o el votar como obligación, no se plantea quitarse los límites de edades para acceder a trabajar o que se prohíba seguir pidiéndose tiempos de experiencias (los jóvenes de dónde las van a sacar si no les dan oportunidades y los mayores de treinta son considerados viejos y no aptos). La Constitución debe ser una ley viva y práctica que no puede construirse o cambiarse a favor de ideologías, dijo José Martí: uno de los grandes próceres latinoamericanos.

Fortalecer el desarrollo humano, a través de emprendimientos y accesos a trabajos, es uno de los cimientos más sólidos para erigir una paz estable y duradera.

Podemos lograr todo lo que meremos: convivir en un país pacífico y potencia mundial. Que Colombia deje de ser paradójica para convertirse en paradigmática –buen ejemplo referente- depende de nosotros, de lo solidarios que seamos.   

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