El Batman que llevamos los colombianos

Análisis Por

El Universo de DC Comics, se ha anotado un gran hit cinematográfico gracias a la más reciente película de uno de sus héroes más representativos, Aquaman.

De acuerdo con cifras oficiales, la recaudación de la película protagonizada por Jason Momoa se acerca a registros históricos desde que fue relanzada la franquicia de todos los superhéroes de dicha marca.

Al parecer todos se emocionan al ver personajes como la Mujer Maravilla, Flash, el Joker, pero si uno se detiene a analizar un poco más, todos los colombianos hasta cierto punto, llevamos por dentro a uno de los más famosos superhéroes de todos los tiempos.

De acuerdo con la historia oficial, Bruce Wayne, es un acaudalado hombre cuyos padres fueron asesinados en medio de un hurto, razón por la cual, luego de un tiempo de entrenamiento y a través de la creación de su alter ego “el Caballero Oscuro”, “el Caballero de la Noche”, “el Hombre Murciélago”, se dedicó a hacer justicia por su cuenta, generando de esta forma una particular relación con la policía de Ciudad Gótica, a la que le colabora en la persecución y captura de delincuentes de alto valor para las autoridades.

Bruce es el prototipo de superhéroe que sin tener superpoderes, hace el bien por su comunidad y aunque según varios portales web, tiene mínimo 10 problemas psicológicos, no necesariamente por hacer el bien es el súper héroe con el que el colombiano promedio se puede sentir identificado.

Si se observa detenidamente, el Señor Wayne se dedica a ayudar a la policía y a tener acciones paralelas a ella en aras de ayudar a impartir justicia, como resultado de la frustración que le genera la inoperancia e incapacidad de aquellas, y que él ha vivido en carne propia con el asesinato de sus padres.

Esa frustración es algo que al parecer ha motivado a muchos colombianos a resolver sus problemas, por fuera de las instituciones.

La frustración frente al fracaso del orden institucional hizo que Mariano Jiménez Jefe de Policía de la Vereda Chulavita del municipio de Boavita en Boyacá llegara en la madrugada del 10 de abril de 1948 a detener las hordas liberales que se habían tomado la apacible Bogotá un día antes en venganza por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y que la Policía capitalina no había podido contener.

La frustración ante la inoperancia de la justicia hizo que Efraín González Téllez, llamado “Siete Colores”, llegara a la Provincia de Vélez Santander, lugar donde se empezó a tejer su leyenda, a combatir al guerrillero liberal Carlos Bernal que no habían podido detener las autoridades.

La frustración ante una policía corrupta fue la que en la década de 1960 llevó a Jacinto Cruz Usma conocido con el tiempo como Sangre Negra a establecer justicia por cuenta propia, teniendo en la venganza su mejor motivación y  que aplicaba sin piedad.

La frustración que sintieron los Hermanos Castaño ante la lucha que el Estado tenía contra las insurgencias comunistas fue el motivo que los llevó a conformar cuadrillas de autodefensa originalmente campesina, ante los constantes ataques que asolaban el norte del país.

Aquella frustración ante la injusticia, la ineficacia de la policía y en general la poca confianza que generan las instituciones democráticas, hace que cualquier colombiano en cualquier momento de la historia llegue a tomar la justicia por mano propia, bien sea a través de la vía de la autodefensa, a través de guerrillas, bandas criminales, pandillas o como en meses recientes, a través de las asonadas y los linchamientos.

La furia, el dolor  y un alto sentimiento de desquite, hacen que cualquier colombiano de un momento a otro se convierta en un Caballero Oscuro, aunque no se tenga ni la tecnología ni las armas sofisticadas de Batman.

Batman, como todo ser humano depende del contexto, la gran pregunta ahora es si cuando este cambie, el colombiano confiará en una policía sin tanta corrupción, en unos jueces imparciales, en unos políticos honestos, en un sistema carcelario que no sólo constriña sino que recupere la dignidad de quienes están condenados.

Tal vez, esa sea la esperanza de redención para una sociedad frustrada como la colombiana: que cambien las circunstancias que hacen que Batman surja en cada esquina del país y que en cambio de que se acabe el crimen, éste crezca.

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales 2014-2018.

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