Aire tóxico: Una nueva violencia

Opinión Por

El pasado 16 de septiembre, Noticias Caracol advertía sobre los altos niveles de contaminación del aire de Bogotá. De acuerdo con la Personería Distrital, en nuestra ciudad la autoridad ambiental no ejerce debidamente su labor y “estamos manejando un sistema de combustión Euro 2, que genera unas micropartículas en el ambiente que afectan la salud de los bogotanos”.

Meses antes, en marzo, el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo, anunciaba que Colombia adoptaría como normas nacionales sobre calidad del aire las que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, de acuerdo con el investigador, ingeniero químico y docente de la Universidad Nacional, Néstor Rojas, estas normas aún no se asumen en nuestro país como un referente válido para promover medidas más rigurosas que contrarresten la contaminación del aire de nuestras ciudades.

La OMS recomienda tener en cuenta el PM10, una medida que incluye partículas finas y gruesas, de tamaño menor a 10 micrómetros. Este organismo recomendó fijar la concentración de referencia en 20 µg/m3 (microgramos por cada metro cúbico de aire) como promedio de las mediciones de un año.

Pero el caso de Bogotá es un buen ejemplo de la necesidad de adoptar lo antes posible las recomendaciones de la OMS que hasta ahora no han sido valoradas: Las concentraciones de PM10 desde 1997, el año en que inició operaciones la red de monitoreo de calidad del aire a cargo del entonces Departamento Administrativo de Medio Ambiente (Dama), aumentaron sin pausa hasta un promedio anual de 74 µg/m3, que a su vez era el promedio de las diversas estaciones de monitoreo de la ciudad en 2005.

De hecho, en la zona suroccidental de la ciudad que siempre ha sido la más contaminada, se registraban en ese entonces promedios anuales de concentración que podían rondar los 100 µg/m3, cuando la norma nacional vigente era de 70 µg/m3. Y no lo digo yo solamente, lo dicen las investigaciones realizadas sobre el tema.

Por eso, aunque no parezca, el aire tóxico que respiramos en Bogotá es una de las mayores formas de violencia que vivimos y que viene con seguro propio: La muerte, sí, que llegaría lenta pero segura; tras del hecho, dicha contaminación proviene en un porcentaje considerable de los buses de Transmilenio. Un estudio de la Universidad Nacional reveló que cerca del 20% del material contaminante de Bogotá corresponde a los buses de la fase uno de este sistema integrado de transporte.

Y como transportanos es una necesidad inminente en una urbe como Bogotá, no podemos pensar en desaparecer los buses de la noche a la mañana, y más con una administración que sigue vendiendo el cuento –que ya no compra nadie– de que Transmilenio es la mejor opción. Pero lo que sí podemos hacer es revisar cómo garantizamos que estos buses funcionen bajo otros mecanismos que no afecten nuestra salud y por ende nuestra estabilidad. Lo mismo habría que hacer con todos los agentes contaminantes.

 

“Preocupa mucho que la zona suroccidental de Bogotá siga estando entre las más contaminadas del país, de acuerdo con el informe sobre calidad del aire producido por el Ideam en 2016, y sigue muy por encima de las normas colombianas. Sin embargo, la Secretaría Distrital de Ambiente ha declarado ante los medios que la calidad del aire en Bogotá es buena porque cumple la norma colombiana, y que no hay nada de qué preocuparse. Si ya hubiéramos adoptado las recomendaciones de la OMS, su declaración sin duda habría sido muy distinta”, comentó Rojas en un artículo escrito por él para el periódico El Tiempo.

Graves riesgos para la estabilidad

Según un estudio de la Sociedad Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax, la importancia de los efectos de la contaminación atmosférica sobre el aparato respiratorio no ofrece duda alguna, y en la actualidad, en Colombia, las enfermedades respiratorias agudas constituyen la primera causa de consulta ambulatoria en urgencias y ocasionan entre el 50 y el 80 por ciento de las hospitalizaciones.

“En Colombia anualmente se producen 4.100.000 toneladas de contaminantes atmosféricos. La industria manufacturera se destaca como una de las que más aporta con esta cifra. En Bogotá, la calidad del aire presenta un grave deterioro causado por los automotores, por la industria, así como por las descargas de las fuentes fijas ubicadas a lo largo de la ciudad. Esto origina zonas de alto grado de contaminación con concentraciones de partículas y óxidos de nitrógeno por encima de los niveles permitidos. Bogotá, situada en una depresión montañosa a 2.600 metros de altura, con una temperatura media de 14 grados y vientos muy débiles, la hacen la tercera ciudad más contaminada de América Latina”, afirmó José D. Cardona, miembro de la Sociedad Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax.

De modo que ha llegado la hora de que veamos el aire como lo que realmente es: un bien común. De igual forma que el agua y el territorio, el aire es fundamental para que todos tengamos una vida digna y considerarlo un bien común nos permite priorizarlo y ubicarlo en un lugar más importante dentro del imaginario colectivo.

Efectivamente, reconocer que el aire es un bien común nos llevaría a ejercer una veeduría estricta sobre este tema, a tal punto de que se propicie un trabajo conjunto más eficaz entre el sector industrial, político, y la ciudadanía. Todo esto con el fin de mejorar la calidad del aire de nuestra ciudad.

A la fecha, una de las poblaciones más afectadas con esta situación son los biciusuarios, que para poder echar a andar sus bicicletas deben respirar profundamente, producto del ejercicio físico que implica la bicicleta. Irónicamente, aunque son ellos los que más contribuyen a la descontaminación del aire de Bogotá, también son los más afectados con esta injusta realidad. Por lo que en su caso, las políticas encaminadas a mejorar sus condiciones como biciusuarios también deben incluir una postura clara respecto al aire que respiran. ¿No creen?

Así mismo, el profesor Rojas explicaba que los menores de edad son una de las poblaciones más sensibles al aire contaminado: “Se estima que un 30 por ciento de los pequeños sufren algún tipo de alergia, en parte por la interacción con partículas contaminadas”.

Por otro lado, para Rodrigo Córdoba, presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, “los ambientes con aires poco saludables alteran la cotidianidad de las personas, en términos de calidad de vida, y afectan el relacionamiento”. Y Juan Vicente Conde, especialista en medicina del trabajo, asegura que “en las grandes ciudades, el aire contaminado impacta severamente en el tracto respiratorio y desemboca en enfermedades. Cuando los males son de tipo viral y, fuera de eso, el entorno laboral no está acondicionado para la circulación correcta del aire, se generan hongos que afectan las vías respiratorias y causan males secundarios”.

Pero además del sistema respiratorio, la piel es uno de los órganos que más se ve afectado por la contaminación. Dermatólogos como la médica Lina María Arango, han explicado que “la exposición directa y constante causa la caída en la oxigenación del tejido y la aceleración en el proceso de envejecimiento cutáneo”.

¿Soluciones a mediano y largo plazo?

Y es que hasta para la creatividad un aire limpio resulta necesario, ya que para que el ser humano cree, debe haber sinapsis o conexión neuronal, y esta última necesita de la respiración. La Bogotá que soñamos es una Bogotá creativa, en la que la producción de bienes y servicios creativos bioriginales aporte considerablemente a la economía local, y se convierta en un referente para la economía nacional. Así que no es loco pensar que la producción de bienes y servicios creativos pasa también por la calidad del aire que respiramos.

De la conexión de lo absurdo, de relacionar lo que al parecer no estaba relacionado (en este caso el aire y la creatividad) surgen las propuestas para recrear el Nuevo Tiempo. En una columna anterior nos referíamos a que en el nuevo tiempo, la política debe entenderse como sinónimo de soluciones. Y las soluciones son un ejercicio creativo en el cual se construyen alternativas a todo lo establecido. Desde ya nos tenemos que pensar la calidad del aire de nuestra ciudad. Cómo podemos mejorarlo y conservarlo, sin duda será una construcción colectiva, pero algún político se lo tiene que imaginar desde ya. Y yo me lo estoy imaginando.

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